Publicidad:
Terra
La Coctelera

Bienvenidos a mi nueva vida:

15 Marzo 2010

MIS ARTICULOS AJENOS:

La semana pasada se nos fue un maestro: Miguel Delibes. Por distintos motivos no pude traer su marcha hasta estos humildes renglones blogueros. Hoy, como cariñoso, profundo y diferente homenaje a su persona os regalo las palabras de una nieta suya acerca del insigne escritor.

Descanse en paz.


 

Mi abuelo Miguel

ELISA SILIÓ

www.elpais.com

Al abuelo se le hizo corta la vida de tanto desdoblarse en sus personajes, actuando en nombre de Paco el Bajo, Daniel el Mochuelo o el Señor Cayo. Le hubiese gustado morir como su amigo Damián, que el día antes estaba cargando cartuchos. "¡Ilusionado con algo la víspera! El que muere sin ilusiones era ya un hombre muerto", llegó a escribir en su diario Un año de mi vida. De la alegría, él se despidió sin embargo hace más de una década tras una delicada operación. En este periódico, ya en 2004, describió su rutina como "un postoperatorio interminable". Aguardaba resignado el momento final aunque, cenizo como era, desde que cumplió los 50 decía vislumbrar el desenlace. "La ciencia ha conseguido alargar la vida del hombre, pero no su calidad de vida", se lamentaba. Por eso, a quien por la calle le deseaba una larga existencia -"¡Don Miguel, que Dios le conserve entre nosotros muchos años!"- le requería unas oraciones por su entera recuperación.

Para él, la fama era "una cabronada" y amenazaba con "sentar plaza de energúmeno inabordable y encerrarse en una torre de marfil". Sería faltar a la verdad no reconocer que a veces por la calle apretaba el paso, pero en el fondo disfrutaba del calor de sus vecinos. No se podía reclamar más exposición al público a alguien a quien la sola idea de vestirse de monaguillo le desazonaba en la infancia. En su descarga diré que nunca dejó de responder una carta de sus admiradores, gran parte escolares extasiados con El camino. Siete hijos, 18 nietos y dos bisnietos. Él era el patriarca de una extensa familia con un arraigado sentimiento de clan. Somos un poco peculiares. El veraneo es conjunto en Sedano (Burgos), se entregan oscars a los mejores del año en Nochebuena y una expedición de los más valientes explora nuevas tierras. El último verano fue por Groenlandia y en kayak. "¡Alguno se mata!", alertaba el abuelo, horrorizado. Aunque todo había cambiado desde que desapareció Ángeles, la abuela, su "equilibrio". Sin ella no se entiende su carrera literaria. Fue quien le engolosinó con la literatura, quien le animó a presentarse al Premio Nadal que le dio a conocer, y gracias a la cual vio mundo. Él era retraído, hurón, y ella unas castañuelas. Su fallecimiento en 1974 le hundió. "Se ha ido la mejor parte de mí mismo", confesó en su entrada a la Academia Española. Pero no le quedó otra que levantar cabeza. Aún tenía tres hijos menores de edad.

Pero no quiero acordarme de ese abuelo lleno de amargura y melancolía, sino del divertido y cariñoso. "Trabajé en Explosivos Río Tinto", nos mintió de pequeños a sus nietos mientras el cielo se cubría con fuegos artificiales en las fiestas de Sedano. "Ese que estalla se llama la palmera y ése de ahora, la bomba...", señalaba, atónito de nuestra supina ingenuidad. Era un apasionado del deporte. Me viene a la cabeza su pesada bicicleta con un asiento que más que un sillín parecía un trono, o mi pescuezo rojo de la fuerza con la que me asía del cuello en nuestros paseos con un cuentapasos en la mano y a veces en compañía de algún perro: el Grin, Perdigón, la Fita o el Cóquer. El ciclismo le proporcionó tardes de gloria ante la tele. Durante el Tour, entre risas, cantaba de pie La Marsellesa, maldecía a Fignon o daba saltos de alegría con las machadas de Indurain y Perico. Los escándalos por dopaje mermaron su afición. ¡Él, que cruzó en bici de Cantabria a Burgos y vuelta para ver a su novia con unos huevos con chorizo como única droga!

A diferencia de otros de mis primos, soy una iletrada en el campo. No me instruyó en cómo reclamar la codorniz, no sé sacar los grillos de sus huras cosquilleándoles con una paja y ni en una vida distinguiría las huellas de un jabalí de las de un corzo o a un cuco de un arrendajo. Me enternece pensar en las bolitas de miga de pan que cada sobremesa estival preparaba con mimo para los hambrientos petirrojos o el placer con el que fumaba sus tres cigarrillos diarios. Y quiero pensar que habremos heredado un ápice de su absoluta integridad y dignidad, su compromiso con el prójimo, su rechazo al consumismo feroz y su independencia de unos y otros.

Elisa Silió es periodista y nieta de Miguel Delibes.

servido por Hada sin comentarios compártelo

sin comentarios · Escribe aquí tu comentario

Escribe tu comentario


Sobre mí

Avatar de Hada

Bienvenidos a mi nueva vida:

Tenerife, España
ver perfil »
contacto »
<body>.</body>


Ya somos: Contadores Web
Contador Web

Inicio una nueva vida e inicio una nueva aventura bloguera. Este espacio pretende ser un rincón relajante y activo, verde y moderno, divertido y serio. Será el lugar desde el que te muestre el día a día de mi nueva existencia. Conmigo podrás observar una vuelta a los orígenes, al campo, a la tierra. Juntos, nos adentraremos en un nuevo y desconocido bosque y disfrutaremos de maravillosos, salvajes, enigmáticos e inesperados paisajes por descubrir. ¿Te animas? ¿Estás dispuesto/a a acompañarme en esta novedosa y diferente singladura verde? ¿Sí? ¡Perfecto! Entonces, sé bienvenido/a a mi nuevo blog y ayúdame a darle vida con tu presencia y comentarios. ¡Gracias!




También puedes leerme por:
Paperblog : Los mejores artículos de los blogs
Mariló Note Lodigo

Crea tu insignia

LEY NACIONAL DE
PROTECCION ANIMAL

VOTA POR ELLA



MySpace Layouts
MySpace Layouts

También puedes encontrarme

en...

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?