100 AÑOS DESDE LA ÚLTIMA ERUPCIÓN
HOY HACE UN SIGLO DESDE QUE EL CHINYERO DERRAMÓ SU
FUEGO SOBRE TENERIFE
Hoy se cumplen cien años desde la última erupción volcánica vivida en esta isla mía. El 18 de noviembre del año 1909, el Chinyero, volcán situado en la linde de los municipios de El Tanque y Santiago del Teide -en las cercanías de donde ahora habito- comenzó a expulsar lava de sus entrañas. Un fenómeno que, al principio, aterrorizó a la población de la zona para, más tarde, acabar convirtiéndose en un espectáculo natural grandioso y una atracción, casi turística, que convocó a centenares de excursionistas y curiosos. Muchos caseríos de la zona, entonces aislados y sólo comunicados por caminos para bestias, fueron abandonados tras las primeras horas de la erupción. Con el paso de los días, y tras comprobarse que los brazos de lava no suponían una grave amenaza, se inició un notorio peregrinar de curiosos e interesados en el fenómeno.
Son muchos los testimonios y las crónicas de la época que se conservan actualmente. Como el de un agricultor que indicaba que la montaña "dio un gran berrido y los escobones saltaron al aire, subiendo a una altura como de tres pinos grandes, dando vueltas, revueltos con el humo y la tierra negra y colorada. También salían piedras grandes, pero no se veía fuego. Todo al llegar arriba se distendía, y empezaron a caernos arenillas calientes que no se aguantaban en la mano. Y ya no vimos más porque echamos a correr". Por su parte, otro anciano de la zona explicó a posteriori que muchos creyeron entonces que "había llegado el fin del mundo". Por eso, narra que "corrimos por esas lomas y riscos como si los persiguiera el demonio".
Informaciones de diferentes periódicos tinerfeños señalan que la lava se desplazaba a una velocidad de "unos seis metros por hora". El enviado de "El Progreso" decía con sorna que la velocidad de la lava "no desmiente el refrán italiano que dice que delante puede ir una vieja hilando un copo". El periódico "La Opinión" publicó el 26 de noviembre un breve donde informaba del regreso de Valle Santiago de una ambulancia con dos ancianas enfermas: "Una de ellas, que vivía en los altos de Tamaimo, no quería abandonar su choza ni un cerdo que era su única propiedad, hasta que la lava fue casi cercándola. En esos momentos de peligro, los ambulantes salvaron, con gran exposición de sus vidas, la de la obcecada e infeliz anciana".
Según parece, desde el segundo día de la erupción ya se daban cita muchos turistas "de ambos sexos" que acuden al Chinyero. Incluso se nombra al alcalde de la Orotava y a otros tinerfeños de renombre que llegan a la zona, "acompañados de sus señoras". La prensa publica anuncios de "excursiones al volcán", partiendo para el lugar de la erupción distinguidos miembros de la colonia inglesa de La Orotava (...) Incluidas distinguidas señoras y señoritas extranjeras que residen temporalmente en el Puerto de la Cruz".
Fueron varios los núcleos vecinales que llevaron en procesión hacia los brazos de lava a sus imágenes más veneradas: el Cristo de Valle Santiago, el San José de Los Llanos o la Virgen de Guía de Isora. "Todos reclamaban luego para su patrón la honra del milagro. Sobre todo los de Erjos y Los Llanos, para quienes su San José apagó dos veces la boca del poniente del volcán". En la actualidad aún se mantiene la tradición de llevar al Cristo hasta el calvario construido en el frente de la lengua de lava que avanzaba hacia Valle Santiago, donde la tradición religiosa indica que la imagen detuvo la lava.
Los telegramas fueron el principal medio de comunicación de las novedades de la erupción, quizá eso explique la noticia del día 27, donde se aseguraba que "a causa del exceso de trabajo han caído enfermos los dos oficiales de telégrafos de Icod".
Lo cierto es que el volcán apenas provocó daños más allá del temor y las molestias causadas a una población empobrecida y aislada. Su situación, lejana con respecto a los principales núcleos de población, la corta duración de la erupción y la bifurcación de los ríos de lava hicieron que su peligrosidad fuera mínima.
La fecha del final de la erupción no está clara, aunque algunas crónicas la dan por terminada el 28 de noviembre, mientras que otros textos señalan al 2 de diciembre como el día en que los cráteres quedan, al fin completamente apagados.
En todo caso tuvo que ser un espectáculo increíble e inolvidable. Espectáculo que esperemos no se repita hasta dentro de otro siglo al menos. Dormid, dormid, gigantes de lava nuestros. Dormid y disfrutad de un largo y tranquilo sueño.

Fuente: www.eldia.es
































































































sinfonia-urbana dijo
HOLA PASO A DEJARTE BESOS Y BUENO HOY APRENDI MUCHO A QUI ..ME GUSTO TU ARTICULO , QUE ESTE MUY BIEN Y BUEN DIA Y MEJOR SEMANITA LINDA !!
PATY ..........
18 Noviembre 2009 | 04:42 PM